Desde hacía tiempo todos sus días
eran iguales.
Se acercó a la orilla tan pronto
como amaneció, y cuando notó que le habían salido los dedos en manos y pies,
subió al espigón y se puso a rebuscar entre las rocas. Cogió la ropa que había
guardado en un agujero habitado por cangrejos, una camiseta de tirantes y unos
shorts, y se vistió con ellos. Había aprendido que así era mucho más fácil
pasar desapercibida. La primera vez la gente se la había quedado mirando,
devorando con los ojos la desnudez de las curvas voluptuosas de su nueva
figura. Y no, sus miradas no tenían nada que ver con las de un tiburón.
Caminó descalza por la arena y
empezó a recoger basura: Bolsas y compresas que los suyos confundían con
medusas; colillas, tampones, latas de coca-cola y de cerveza… Eran unos
guarros. Así que se pasaba las mañanas haciendo lo único que podía hacer,
recoger los desperdicios que, más tarde, por la noche, se encontraría flotando
por sus aguas o depositados sobre su suelo.
A media mañana se le unieron los
ecologistas. La saludaron con una sonrisa y le ofrecieron un emparedado de una
cosa llamada tofu que no tenía nada que ver con un animal. Se lo comió en
silencio, sin darles las gracias ni decirles nada, como siempre hacia. A ellos
no parecía molestarles y por eso eran los únicos humanos que le caían bien,
porque la dejaban en paz.
Mientras limpiaban en silencio no
podía evitar estar pendiente del mar, por si veía que alguno de los suyos se
acercaba demasiado. Lo hacían cuando estaban enfermos o desorientados… y cuanto
antes los viera… antes podría ayudarlos, vigilando con fiereza para que no les
pasara lo mismo que le había pasado a ella.
Era capaz de recordarlo igual que
si hubiera sido ayer. Se encontraba nadando con su familia, al lado de los
barcos. Se acercaban a los humanos porque les parecían unas criaturas muy
curiosas. Algo tontas, pero simpáticas. Casi nunca les hacían daño, jugaban con
ellos, les daban de comer, les hacían fotos y a veces se lanzaban a nadar con
ellos. Y que torpes que eran… pero era divertido. Hasta que un día dejó de
serlo. Uno de aquellos humanos que parecían tan simpáticos la mordió en una
aleta después de haber dejado que nadara y jugara con ella.
A la mañana siguiente, cuando
salió el sol, vio que ya no era una delfina, que tenía dos brazos y dos piernas
y se había convertido en humana. Había nadado hacia la orilla y allí se había
quedado llorando, sus lágrimas saladas mezclándose con el agua del mar, hasta
que llego la noche y con ella sus preciadas aletas.
Sabía muy bien que era lo que le
había pasado porque lo había escuchado en uno de esos aparatos que llamaban
radio. Decían que a un lobo llamado Dennis lo había mordido un brujo. ¡Y eso
mismo le había pasado a ella!
Cayó la tarde y se sentó a
esperar. Cuando salió la luna se metió en el agua y comenzó a nadar. Volvió a
convertirse en delfina y se unió a su familia. Ellos siempre estaban allí,
esperándola. Nadó con ellos y se olvidó de todo, incluso del mañana. Disfrutaba
de su presencia igual que si fuera la última vez. Porque a ella no le
preocupaban los pescadores, ni los tiburones, ni siquiera las bolsas que
parecían medusas y que llevaba con el morro hasta las rocas del espigón para
poder retirarlas luego, más tarde, cuando saliera el sol. A ella lo que la
preocupaba era no volver a ser delfina la noche siguiente y ser una humana para
siempre.
Apartó de su mente todos aquellos
pensamientos y nadó de una orilla a otra, de isla en isla, de espigón a
espigón, mirando la luna, riendo, comiendo, bailando y saltando. Todo menos
llorar y pensar en Dennis y su canción, en ella y en los ecologistas mirando
juntos al sol…
*Escrito originalmente el 15 de Marzo de 2021.
Pues... de nuevo, no estoy muy segura de haber cumplido con la premisa. No sé si el personaje puede considerarse humanoide o no. Es humano y es delfín, pero humanoide... no sé, no sé. Y luego está el pequeño guiño a "Lobo-Hombre en París" de la unión. Siempre me ha gustado esa canción jajaja
**Relato correspondiente a Literup 52 retos-de-escritura-para-2021. Duodécima semana, Tu protagonista es una delfina humanoide que pasa la mitad del relato en tierra y la otra mitad en el mar.
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